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Charly canta la historia

Posted by Andréloac en 03/12/2009

Premio a la Trayectoria. El músico había sido destacado como Figura del Rock. Luego lo fue por su brillante carrera. García, todo un ícono del rock nacional.


Camisa y saco negro, prolijo, el Charly García versión 2009 subió al escenario para recibir de manos de su gran amigo Palito Ortega el Premio a la Trayectoria. Era su segundo reconocimiento de la noche; ya había cosechado el Premio a la Figura de Rock. Pero éste, sobre el final, tras un video que repasó su carrera como ícono del rock nacional, sus excentricidades, hizo emocionar a los invitados, que lo ovacionaban como si estuvieran presenciando uno de sus conciertos.

“Gracias a mis amigos, a mis músicos, y a todo el mundo en general”, sostuvo el exquisito pianista y melodista de 58 años. Y fiel a su estilo, tan particular e incluso con aire maradoniano, repitió para cerrar: “Y que todas las discográficas me chupen un huevo”.

Hubo un tiempo en que sin ser hermoso, García iniciaba su largo recorrido de cronista del más acá. Era 1972, el post adolescente formado entre los muros del Instituto Social Militar Dámaso Centeno le cantaba a la muerte, a un tal Natalio Ruíz y a un verano descalzo y rubio de hacía un rato en Vida, el primer título de una discografía que ya pasó las cinco decenas.

Pero la realidad de afuera empezó a ser cada vez más parte de su adentro, y Confesiones de Invierno sería apenas el preludio del diario que con Nito Mestre cantan en Instituciones, antes de ponerle fin a su primer proyecto con dos conciertos en el Luna Park.

Las influencias del rock sinfónico inglés se filtraban por cada uno de los poros de La máquina de hacer pájaros. Un García barbado abría el tiempo de paisajes instrumentales compartidos con sus compañeros de ruta, que el tiempo y su rol de líder fueron convirtiendo cada vez más en los músicos de su banda. Hora entonces, dijo, de patear el tablero. Si dos años antes había sido Adiós Sui Generis, ahora era tiempo del adiós a La Máquina.

Después también de que el Festival del amor, en 1977, editado como Música del alma lo reuniera con David Lebón sobre el escenario, y le abriera crédito a una sociedad que tomó forma en Brasil, y que al año siguiente estrenó el nombre de Seru Giran. “Se nota que Charly García tiene poco para decir”, escribía alguna crítica de entonces, cuando el cuarteto que completaban Oscar Moro y Pedro Aznar hizo su debut porteño.

Pero la sociedad siguió. Y se convirtió en una de las bandas clave del rock de acá. La grasa de las capitales, Bicicleta, Peperina. Afuera la cosa ardía, y adentro Charly escribía la historia en canciones.

Con Yendo de la cama al living (1982), le da inicio a un largo derrotero solista que ya no interrumpiría más. El disco es presentado en Ferro, con una producción inédita para los artistas locales de la época. Clics modernos inaugura, al año siguiente, un nuevo sonido García, quien, además, como productor le imprime su sello a artistas de la “nueva camada”. Apareció en escena Piano Bar (1984), recuperado casi por completo en la gira actual. Y floreció Tango, su reencuentro con Pedro Aznar.

Mientras tanto, Charly se metía con el mundo del cine a través de la música de Lo que vendrá, y antes con el del teatro, con Terapia Intensiva. Prólogo de la la trilogía Parte de la religión, Cómo conseguir chicas y Filosofía barata y zapatos de goma.

Los vampiros oscurecen el cielo y las crónicas de internaciones hacen su irrupción en la biografía de Charly. Tango 4, de la mano de Aznar, fue la respuesta para quienes lo dieron por vencido. Y Serú ’92 un intento que derrapó antes de coronar. “Nos veremos otras vez”, cantaba. Y deambulaba por ahí. Como La hija de la lágrima, que jamás recibió las caricias que merecía. García, cada vez más en llamas, maltrataba teclados en el Roxy y jugaba a ser Cobain. Es su trayectoria, la de quien un día empezó a ser Say no more.

Charly duraba y defendía lo que daba. En algunas ocasiones era mucho; en otras, retazos. Y en el medio de la Bombonera, con su guitarra más deformada que distorsionada cantó sus Confesiones de invierno en versión 2000 y justificó con tres minutos los restantes 110 de concierto. Y entonces llegó el turno del virus de la Influencia (2002). Su Demasiado ego (1999) le hizo creer que todo era rock and roll él.

El 23 de octubre Charly García tocó en Perú, después de 15 meses de encierro. Un mes después, bajo una lluvia torrencial, conmovió a 40 mil personas en Vélez. La gira siguió por Ecuador y Colombia. Faltan Uruguay y Rosario. Alguien habló de “el regreso del más grande”. Muchos le preguntaron por su “vuelta”. Charly, en cambio, nunca habló así. Jamás dijo la palabra regreso ni habló de volver. “Me siento bien. Mejor”, cuenta. Dice que tiene ganas de ir “por más”. Más canciones. Más música. Más trayectoria. «

Fuente: Clarin

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